Es una de las preguntas que más nos hacen antes de firmar, y casi siempre la hace quien ya se ha llevado un susto: «si algún día dejo de trabajar con vosotros, ¿la web sigue siendo mía?». La respuesta debería ser un sí sin matices. En la práctica, muchos negocios descubren que no lo es cuando intentan cambiar de proveedor: el dominio está a nombre de la agencia, el alojamiento se paga desde la tarjeta de la agencia, la ficha de Google la administra un correo que ya no contesta.
Esta guía explica qué tiene que estar a tu nombre, cómo comprobarlo en diez minutos y qué pedir por escrito antes de encargar una web. Vale para una clínica, un despacho, una inmobiliaria o cualquier negocio con presencia digital.
Pagar la web no te hace dueño de la web
Una web se compone de piezas que viven en sitios distintos y que se contratan por separado. Puedes haber pagado el diseño y los textos, y que aun así no controles ninguna de las llaves. Son estas:
- El dominio. El nombre (tunegocio.es). Quien figura como titular en el registrador decide a dónde apunta y puede moverlo, venderlo o dejarlo caducar.
- El alojamiento. El servidor donde está la web. Si lo paga otro, la web depende de que ese otro siga pagando.
- El correo profesional. Las cuentas con tu dominio. Si el dominio no es tuyo, tu correo tampoco.
- El código y los contenidos. La web en sí: diseño, textos, imágenes, base de datos.
- Las cuentas de medición. Google Analytics, Search Console, la ficha de Google, el píxel de Meta. Son el historial de tu negocio.
- Las cuentas publicitarias. Meta, Google Ads y sus métodos de pago.
- Los accesos. Quién puede entrar en cada una de las anteriores y con qué permisos.
Si falta una de las siete, el día que quieras irte lo notarás.
Lo que debe estar a tu nombre, sin discusión
El dominio, siempre. Es la pieza que manda sobre todas las demás: quien tiene el dominio tiene la web y el correo. Debe estar registrado con tu nombre o el de tu empresa, tu NIF, tu dirección y tu correo, en una cuenta del registrador que tú controles. En el caso de los dominios .es, además, el registro exige datos de identidad y los cambios de titularidad son un trámite lento. Es la razón por la que en M the Agency no compramos dominios a nombre de la agencia: guiamos al cliente para que lo compre él, con su tarjeta, en cinco minutos.
El correo, en la misma cuenta que el dominio. Lo más sencillo es contratar el buzón profesional con el mismo proveedor del dominio. Nosotras lo configuramos en el ordenador y en el móvil, pero la cuenta es del cliente.
La ficha de Google, Analytics y Search Console. Creadas con una cuenta de Google del negocio, no con la de la agencia ni con la del becario que las abrió. La agencia entra como usuario con permisos. Si el día de mañana la quitas, el historial se queda contigo.
Las cuentas publicitarias y su método de pago. Tu cuenta de Meta Business y tu cuenta de Google Ads, con tu tarjeta. La agencia las gestiona como socio o administrador. Si la relación termina, pierdes al gestor, no las campañas, los públicos ni el historial de aprendizaje.
Lo que puede estar con la agencia, si queda por escrito cómo se devuelve
El alojamiento de la web. Aquí hay dos modelos válidos. Uno: lo contratas tú y la agencia lo administra. Otro: la agencia la aloja en su infraestructura, sin coste para ti o incluido en el mantenimiento. El segundo es cómodo y suele ser mejor técnicamente, pero solo es aceptable si el contrato dice qué pasa al terminar: entrega del código y los contenidos, en qué formato y en qué plazo, y traslado del proyecto si la plataforma lo permite. Así trabajamos las webs hechas a medida: el proyecto vive en nuestro Vercel y el cliente recibe el repositorio completo si algún día se va.
El código y los contenidos. La propiedad intelectual de lo que se ha creado para ti debe cederse a tu favor una vez pagado. Es una cláusula estándar; si no está, pídela. Lo que la agencia no cede son sus herramientas y componentes reutilizables, que es razonable.
Cómo comprobarlo en diez minutos
- Dominio. Busca tu dominio en una herramienta de consulta pública de registros (whois o RDAP). Si el titular que aparece no eres tú o tu empresa, tienes un problema. Si aparece «protegido», entra en la cuenta del registrador: si no tienes acceso, el problema es el mismo.
- Correo. Pregúntate quién puede crear o borrar buzones con tu dominio. Si la respuesta es «la agencia», no es tu correo.
- Ficha de Google. Entra en el perfil de empresa con tu cuenta. Si no puedes o solo apareces como «administrador» y el «propietario principal» es otro, pide el cambio hoy.
- Analytics y Search Console. Mira en los ajustes de administración quién es el propietario de la cuenta. Debe ser un correo del negocio.
- Meta y Google Ads. Comprueba quién es el administrador del Business Manager y a nombre de quién está la tarjeta.
- WordPress o el gestor que uses. Comprueba que tienes un usuario administrador propio, no uno compartido.
- Copia de seguridad. Pregunta dónde está y pide una. Si nadie sabe responder, no existe.
Si en alguno de los siete pasos la respuesta es «tengo que preguntarle a la agencia», ese es el punto por el que empezar.
Qué pedir antes de firmar una web nueva
- Que el contrato diga que dominio, correo, ficha de Google, analítica y cuentas publicitarias se dan de alta a tu nombre y la agencia accede como usuario.
- Que la propiedad intelectual de diseño, textos, imágenes y código se cede a tu favor una vez pagados.
- Que, si la agencia aloja la web, se especifique la entrega al finalizar: qué, cómo y en cuántos días.
- Que puedas editar los contenidos habituales sin depender de nadie: entradas de blog, páginas de servicio, precios, documentos. Un panel propio o un gestor como WordPress, según el caso.
- Que no haya permanencia ligada a la web para servicios que no son la web. El mantenimiento, el SEO o la publicidad se contratan aparte y se pueden dejar sin que la web deje de ser tuya.
Si una agencia se resiste a alguno de estos puntos, pregunta por qué. Hay motivos técnicos razonables para alojar una web en la infraestructura de la agencia; no los hay para quedarse con tu dominio.
Por qué lo hacemos así
Cada semana hablamos con negocios que vienen de otra agencia y empiezan la conversación por el mismo miedo. La respuesta que damos es la que querríamos recibir: todo lo que te identifica, a tu nombre; lo que construimos para ti, tuyo cuando lo pagas; y si un día te vas, te llevas la web entera y nosotras solo desaparecemos de los accesos. Lo aplicamos igual en una web hecha a medida que en un lanzamiento de marca desde cero, y lo dejamos por escrito en el contrato antes de empezar.
Preguntas frecuentes
¿Qué pasa si mi dominio está a nombre de la agencia?
Pide por escrito el cambio de titularidad a tu nombre o a tu empresa. En los dominios .com es un trámite rápido en el registrador; en los .es requiere identificar al nuevo titular y puede tardar días. Si la agencia se niega, consulta con un abogado: el dominio de un negocio en activo es un activo de ese negocio.
¿Es malo que la agencia aloje mi web en su servidor?
No, si el contrato dice qué recibes al terminar y en cuánto tiempo. Muchas webs a medida se alojan en la infraestructura de la agencia porque es más rápida y más segura. El problema no es dónde está la web, sino si puedes llevártela.
¿Puedo editar yo mismo la web sin depender de la agencia?
Debes poder. En WordPress, con un usuario administrador propio y un tema bien hecho, editas páginas, entradas y fotos. En una web a medida, con un panel de administración para los contenidos que cambian: blog, documentos, tarifas. Pídelo antes de encargarla; añadirlo después cuesta más.
¿Qué cuentas de Google tienen que ser mías?
La ficha de empresa, Google Analytics, Search Console y Google Ads. Todas con una cuenta del negocio como propietaria y la agencia como usuario con permisos. Si cambias de agencia, cambias el usuario y conservas todo el historial.
¿Cuánto cuesta tener el dominio y el correo a mi nombre?
Lo mismo que tenerlos a nombre de otro: entre 10 y 15 euros al año por dominio y desde uno o dos euros al mes por buzón profesional en proveedores como IONOS, o unos 7 euros al mes por usuario si prefieres Google Workspace. La diferencia no es el precio, es quién tiene la llave.

